Los límites de la representación

Los límites de la representación

Picca libera al signo en su funcionalidad, al traspasar los límites de interioridad y exteriorioridad, para convivir con superficies vacías, cuyo extenso territorio semeja un despoblado arenal donde podrían hallarse memoria de extinguidos rastros de huellas, suerte de palimpsesto a medias decodificado, que suscita en el espectador grata delicia al volverse parte de él.

por Osvaldo Mastromauro – AACA- AICA

A su primera etapa de un informalismo tempestuoso aunque atemperado, le suceden el trabajo sobre el plano como diálogo con las recientes tendencias del expresionismo abstracto, y mas tarde el regreso enriquecido a nuevas frontalidades, donde suma tachaduras, marcas, pigmentos y chorreado al soporte; asimilaciones donde el intercambio contextual emana de los materiales, con una sinergia que puede entenderse como resonancia que se corresponde con el grafismo, libertad cuyo paradigma reside en la paleta.

La mano que guía los trazos establece la cesura entre una tela y otra, conformando dípticos o trípticos, donde el concepto de repetición formal inaugura módulos que integran y afianzan cada serie y sugieren, en relación a la composición, un concepto de similitud, dejando librada a cada pintura su lectura, ritmo entre asonancia y disonancia que la hacen ser única y diferente.

El traspaso de una gama cromática a otra, mas sensual, contemporiza con el círculo, ese gesto que es una marca en el orillo de su impronta, y que deslíe lo figural en acentos, aunque el color se torna protagonista: naranjas brillantes, azules profundos, verdes, rojos puros, negros, grises, violetas y amarillos como fin en sí mismos; otras veces, opacan la luz e interpelan al acto mismo de la pintura, en cuanto suspensión del relato figural.

Cecilia Picca se propone “pintar la pintura”, proceso que le va llevando a componer obra abstracta, mediante un accionar único e indivisible, pasible de repetir donde se desanda el camino de la figuración.

Ahora bien, como todo proceso creativo original, invierte su matriz, al organizar desde la sensibilidad para desorganizar -mediante un buen saber- qué elementos definen la estructura implícita: gesto, pincelada, cromatismo y densidad matérica atraviesan como una solapada ráfaga el cuadro, allí donde la transparencia cobra vida, y las imágenes se atenúan para dar cabida a la secreta trama del cuadro.

Ese mismo dominante informalismo del cual habláramos al principio, posee paradojalmente resonancias formales, cuyo sentido se apodera de la superficie, ensalzando el plano: tanto en la forma como en sus interconexiones con la diversidad sensible, Picca libera al signo en su funcionalidad, al traspasar los límites de interioridad y exteriorioridad, para convivir con superficies vacías, cuyo extenso territorio semeja un despoblado arenal donde podrían hallarse memoria de extinguidos rastros de huellas, suerte de palimpsesto a medias decodificado, que suscita en el espectador grata delicia al volverse parte de él.

Agosto 2008