En el camino de todos los descubrimientos posibles

En el camino de todos los descubrimientos posibles
por Daniel Capardi – Director del Museo Provincial de Bellas Artes “Emilio A. Caraffa”
“Cecilia dispone un arsenal de recursos: planos de color, grafías, tachaduras o demarcaciones de sectores del cuadro que contrastan con extensas superficies vacías, es indeterminada y porosa, acaso un itinerario de huellas que nos informan acerca del accionar del artista, tras la que, el que ve, debe buscarse, intuyendo un camino de todos los descubrimientos posibles.”

 

La pintura tiene en estos tiempos una gravitación que, podrí­a decirse, no condice con modalidades de producción más difundidas, que por presentes y excesivas no son reflexionadas en la dimensión de sus efectos. El encuentro entre técnica y cultura devino desde hace varias años en un régimen de percepción que habla de cierto desplazamiento de aquella forma de arte. Pero, ¿qué es lo que asegura que la pintura no siga pese a estos obstáculos?, o también ¿ cuánto valor (y por consiguiente eficacia) de sustitución tienen estas formas más recientes que pretenden constituirse como imágenes de actualidad referenciales?

La pintura denominada abstracta (prefiero llamarla simplemente pintura) consiste en una serie de elementos – movimientos – gestos de eliminación y al mismo tiempo cada uno de ellos coincide con el descubrimiento de la identidad fí­sica del cuadro y el progresivo descubrimiento de sus bases materiales. En relación a regimenes escópicos anteriores, la pintura realista y naturalista se habí­a encargado de disimular el medio, procediendo a un ocultamiento. De aquello que eran manifestaciones negativas eran reconocidas como condiciones implí­citas o indirectas, el pigmento, el soporte, la superficie plana…Apoyada en su condición material la pintura pinta la pintura. Pero el verdadero tema desocultado o abierto por esta pintura es a través de la subjetividad del autor, privilegiando el acto sobre la idea y el objeto, suprimiendo de esta manera la tradición ilusionista del arte. Viajar, atravesar, transitar, recorrer, explorar, penetrar; la experiencia contemporánea del espacio se configura a partir de un modelo dinámico que lanza al sujeto fuera de sí­ para utilizar palabras de Perniola – a un territorio (incesantemente) excitable: tal modelo lo transforma en una cosa que siente, la cual indiferentemente puede añadirse al contexto en el que se mueve o bien retirarse de él.
Se subvierten así­ y quedan de lado todas las concepciones del espacio que ponen el acento en el residir, en el estar, el contemplar, y que piensan el espacio con referencia a la experiencia de lo interior en relación más o menos dialéctica con lo exterior.
Así­ la pintura, como un escenario en donde Cecilia dispone un arsenal de recursos: planos de color, grafí­as, tachaduras o demarcaciones de sectores del cuadro que contrastan con extensas superficies vací­as, es indeterminada y porosa, acaso un itinerario de huellas que nos informan acerca del accionar del artista, tras la que, el que ve, debe buscarse, intuyendo un camino de todos los descubrimientos posibles. En este caso, sin situarse en el mundo de las imágenes, sino en el punto en que terminan todos los objetos, donde se borran las imágenes para dejar sitio a la pura transparencia, allí­ donde las huellas materiales se atenúan, escapando al espacio abierto, o el recogimiento en la más í­ntima quietud. Es en este renovado aire de retorno a la pintura, que parece confirmar un modo de ver, despertando en sí­ mismo el espacio deseado, encuentra en estos trabajos (nuevamente) su lugar.